Lo más desconcertante (y quizás lo que más miedo da) es el silencio. Madrid, una ciudad bulliciosa y estruendosa por naturaleza, ya no lo es.
El silencio se está adueñando poco a poco de sus calles. Los coches cada vez son menos, los transeúntes se han reducido drásticamente y muchos de quienes se aventuran a salir de su casa ya lo hacen protegidos con mascarillas y sólo para ir a comprar comida o medicinas. Los bares están prácticamente vacíos, los restaurantes no tienen apenas comensales.
España, se ha convertido en uno de los grandes focos mundiales del covid-19. El país ya registraba hasta el 12 de marzo más de 3.000 infectados y 86 fallecidos. Todo eso en tan sólo ocho días, porque fue el pasado día 4 de este mismo mes cuando se registró en España la primera muerte.
La gente trata de guardar al menos un metro de distancia. Los besos y abrazos ya no se estilan. La mayoría de los niños permanecen encerrados en casa y ya son muy pocos los que se aventuran a dejarlos con los abuelos.
En algunas zonas de Madrid ya se han empezado a precintar las zonas de columpios y juegos de los parques, para evitar que se concentren allí niños.
Los transportes públicos no sólo se desinfectan a diario sino que además han activado las puertas de sus vehículos para que se abran y se cierren automáticamente y así evitar que los usuarios tengan que tocarlas.
En una entrevista callejera que se realizó a varios españoles, manifestaron la importancia de la protección para este virus, como el uso continuo del barbijo y del alcohol en gel. Otras personas, expresaron que la historia de la pandemia no es fiable, ya que no tienen familiares que hayan sufrido el coronavirus.
